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Global Center for Proactive Democracy                                 Thursday, November 05, 2020

Centro Global para la Democracia Proactiva

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Holguín, Jueves 5 de Noviembre del 20020

Carta A:

Monseñor Emilio Aranguren Echeverría y a la institución que su cargo y desempeño representa en esta Diócesis de Holguín, y demás obispos de las Diócesis de Cuba.

Un Fraterno saludo.

Conociendo que en esta ciudad de Holguín y en toda Cuba, se están dando casos de represión policial, secuestros por parte de los Órganos de la Seguridad del Estado, detenciones arbitrarías, abusos de poder, ataques violentos por una parte de la ciudadanía hacia personas con un pensamiento ideológico distinto, expulsiones de estudiantes y de profesionales de sus respectivos centros de estudio o de trabajo, acoso a intelectuales, expulsiones de organizaciones artísticas, y además, teniendo en cuenta que la Iglesia que Usted representa en esta Diócesis se enfoca en los lineamientos de ser intercesora de la Sociedad Civil, que está atenta a las preocupaciones e inquietudes de esa sociedad civil y comprometida con la tranquilidad ciudadana, y a la vez, estando nosotros amparados en el DERECHO internacional plasmado en el Artículo 19 de los Derechos Humanos que dicta: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de expresión, este derecho incluye el de NO SER MOLESTADO a causa de sus opiniones, el de investigar, y recibir información y opinión y el de DIFUNDIRLAS SIN LIMITACIÓN DE FRONTERAS, por CUALQUIER MEDIO de expresión". Respaldándonos además, en el artículo 54 de la Constitución vigente de nuestra república, que expresa: “El Estado RECONOCE, RESPETA, y GARANTIZA a las personas la LIBERTAD DE PENSAMIENTO, CONCIENCIA Y EXPRESIÓN", nos dirigimos a esta institución religiosa, con el fin de expresar algunas de las más apremiantes preocupaciones ciudadanas.

Nos consta que la Iglesia ha tenido un enfoque de "crítica", en virtud del bienestar ciudadano y en concordancia con la lógica preocupación por los problemas que en nuestra nación se han suscitado en diferentes épocas; un ejemplo de ello, lo encontramos en la Carta Pastoral de Septiembre de 1993, titulada "EL AMOR TODO LO ESPERA", de la que queremos hacernos eco en esta ocasión, a manera de recordatorio, y también a modo de comparación, para que juntos podamos reflexionar sobre las inquietudes que en ese entonces la Iglesia, con encomiable previsión y poder de discernimiento, lograba plasmar en dicha Carta Pastoral. Hoy, veintisiete años después, sigue siendo una preocupación ciudadana, por parte de todos los que añoramos y abogamos, de manera pacífica, por una nueva Cuba. Por ello pretendemos mencionar algunas de esas declaraciones:

Eran conscientes ustedes, como institución religiosa de que, nuestra sociedad estaba marcada por "cicatrices abiertas por el odio", y abogaban por el "amor" como herramienta estratégica para curar esas heridas y que llegara "la hora del perdón, la misericordia, la amnistía".

Una necesidad del presente más imprescindible que nunca, debido a que el odio fomentado por el sistema político que divide y enfrenta a los hermanos, hijos de esta tierra, es tan real como hace veintisiete  años atrás. Nuestra sociedad se encuentra confrontada y fragmentada, plagada de intolerancia desde todas partes. Es, a todas luces apremiante e incluso una cuestión de vida o muerte, apelar a la concordia, la fraternidad, la tolerancia y el respeto, pero no definiendo la realidad, que ya está ante nuestros ojos y de la cual nadie puede sustraerse, sino señalando el ORIGEN de esa división y esa intolerancia en la sociedad civil, presente en 2020.

Concordamos que el Ideario Martiano, coincide plenamente con el principio Divino que establece que, "La Única Ley de la Autoridad es el Amor", porque el "amor todo lo soporta, todo lo espera", (1ra a los Corintios, Cap. 13), porque "Dios es Amor", (1ra de Juan 4; 8), y es "triste la patria que tuviera el odio por sostén". (José Martí).

Hacían también  ustedes alusión a la problemática migratoria, donde nuestros jóvenes, y no tan jóvenes, marchaban al extranjero en busca de horizontes imposibles de alcanzar en nuestra sufrida patria; una realidad vigente en la actualidad. En aquel entonces ya la Iglesia era consciente de que esos "emigrados" se habían convertido en un sostén importante para paliar las vicisitudes de una población cada vez más necesitada, cada vez más sumida en la  pobreza, y realizaba un llamado a fomentar un espíritu de reconocimiento de esa realidad, y en base a ese reconocimiento, se entendía necesario un enfoque de reconciliación con esos a los que "hicimos extranjeros". Nunca mejor dicho: porque la realidad es que fueron OBLIGADOS a serlo.

Hoy, ese llamado a RECONOCER a los exiliados, a devolverles el estatus de CUBANOS, aunque nunca hayan dejado de serlo, y buscar esa reconciliación tan necesaria para que nuestra sociedad comience a cicatrizar las heridas, es algo prioritario que también forma parte de nuestras aspiraciones y añoranzas.

Somos nosotros los cubanos los que deberíamos tener la opción de resolver nuestros problemas, teniendo en cuenta, el hecho inalienable de que TODOS somos cubanos, sin distinción de ideologías, de estatus migratorios, ni de credos.

Se hacía referencia en ese entonces, al "descontento, la incertidumbre, la desesperanza de la población" y "el empeoramiento rápido y progresivo", donde la única solución que se vislumbraba en el horizonte era "resistir"; una imagen bastante exacta, aunque más recrudecida en el presente.

Reflexionaban ustedes como institución religiosa en aquel entonces, que, "treinta y cuatro años era un lapso de tiempo suficiente como para tender una mirada, no solo coyuntural, sino histórica sobre un proceso que nació lleno de promesas e ideales, alcanzados algunos", y admitían;"la realidad no coincide en todos los casos con la idea que nos hicimos de ella".

Hoy, no treinta y cuatro años, sino sesenta y un años después, aún no se quiere admitir, por el sistema que impera, que esas utópicas y nunca alcanzadas promesas, han quedado en el vacío, teniendo los mismos, e incluso acrecentados problemas que hace veintisiete años, y en muchas esferas, aún peores que antes del año 1959: la situación económica depauperada, la escasez de alimentos que llega a los límites del hambre, la pobreza, la desesperanza, y particularmente la nulidad de los derechos humanos y universales más elementales, que es el aspecto más preocupante en nuestra sociedad.

Sesenta y un años "construyendo" una ideología, que más que avanzar y fraguar, va en continuo y peligroso retroceso; una ideología que nunca ha logrado suplir a sus ciudadanos un salario digno con el cual sustentar la economía familiar, una ideología que ha creado el caos del desabastecimiento, el derrumbe total de la fuente más importante y legítima de alimentación de la población: la agricultura. La dependencia de la importación como medio de abastecimiento de las necesidades básicas, en una economía incapaz de garantizarlas, destruida por el propio sistema gracias a que acude constantemente a "soluciones" que, como estrategia de “engañosa esperanza de mejorías”, el gobierno no se cansa de poner en práctica, y las que nunca traen las respuestas pertinentes a las necesidades del pueblo cubano, sino que por el contrario, acentúan cada día la ignominiosa situación.

El problema cada vez más desastroso de la vivienda cubana, donde cientos de miles de familias viven en condiciones de extrema pobreza, amenazas constantes de derrumbes que ya han ocasionado víctimas mortales, hacen de esta problemática un mal social que urge solucionar. La catastrófica situación imperante de  la Salud Pública, donde ni siquiera hay en ocasiones una ambulancia para trasladar a un enfermo, cuando nunca faltan carros patrulleros para reprimir al Pueblo. La pésima situación de las infraestructuras de hospitales y centros médicos, la escasez e inexistencia de medicamentos, que no permiten cubrir la demanda de nuestros enfermos, la falta de recursos, de equipamiento y logística, es fruto evidente de la incapacidad de este sistema al que denominan “socialismo”. Un sistema educativo que se centra en el "adoctrinamiento"  y que por demás, convierte a los jóvenes en ignorantes de sus derechos y libertades civiles, mutilándoles la capacidad de pensar y de emplear sin temor su inteligencia para razonar y opinar sin manipulaciones o restricciones totalitarias, más que en sembrar valores y principios en la futura generación, por lo que puede concluirse en que todo el sistema rinde un culto oprobioso a la mentira y la doble moral.

Estas, entre otras muchas, hacen que ese "descontento, incertidumbre y desesperanza" sea el diario bregar de los cubanos.

Como bien se aseveraba en la carta pastoral, "las carencias materiales más elementales [...] favorecen un clima de tensión, que en ocasiones nos hace desconocido al cubano, naturalmente pacífico y cordial".

Hoy, esas "explosiones de violencia", son más cotidianas en nuestra sociedad deshumanizada y la falta de horizontes más halagüeños que los actuales convierte a los ciudadanos de Cuba en eternos frustrados, dueños de una existencia sin propósito, sin sentido y sin proyectos de futuro, a no ser la subsistencia.

Indicaban ustedes la preocupación por la moral de la sociedad cubana, la falta de valores como lo es la defensa de la verdad. Señalaron la "transparencia" del propio sistema, que aunque "a puertas abiertas", y "de bocas para afuera" abogaba hacia un llamado a erradicar "la falsa moral, la falsa unanimidad, simulación y acallamiento de opiniones",(Convocatoria para el IV Congreso del PCC, 1990), mientras que a puertas cerradas, NUNCA se trabajó para fomentar y lograr una moral basada en la verdad, en la transparencia, el respeto a la pluralidad y la honestidad, el respeto a las opiniones que están en desacuerdo con el sistema, todo lo cual conspira contra la voluntad individual de miles de personas y genera un daño psicológico extremo e inadmisible que convierte a los hombres dentro de una nación en marionetas en pos de los intereses de unos pocos.

Sesenta y un  años después, la realidad señalada hace veintisiete años está más vigente que nunca, sin que haya una apertura a fomentar los valores y principios imprescindibles en una sociedad civilizada y humanista; es por eso que concordamos con la carta pastoral cuando decía; "Un país donde rindan dividendos tales actitudes, no es un país sano ni completamente libre; se convierte, poco a poco, en un país escéptico, desconfiado, donde queriendo lograr que surja un hombre nuevo, podemos encontrarnos con un hombre falso".

Y buena parte de la ciudadanía cubana es consciente de que aún seguimos sin ser un país libre y lo que construye este gobierno son hombres hipócritas, esclavos en su pensamiento, incapaces, quebrados y pobres de espíritu, con una personalidad frágil e insustancial, sin conciencia crítica ni honestidad, dada la paranoia que ha generado el propio sistema. 

Se ha construido una sociedad populista en la que se ha privado a los seres que la integran de una individualidad y una subjetividad genuina, una sociedad temerosa de una de las más grandes virtudes humanas: la verdad. Una sociedad a la que se le ha encadenado la libertad plena y el " hombre" se encuentra imposibilitado de encontrar su justa medida, porque no puede desarrollarse en todas sus capacidades o dimensiones de pensamiento, de expresión, de lucha por la vida, por la prosperidad y la realización personal, porque todo está condicionado y subordinado a un escenario político. "Libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía".(José Martí)

Apuntaban muy oportunamente en su carta, la preocupación por “la extensión de la prostitución”, una lacra que mina y deteriora la sociedad cubana, sobre todo, en la juventud; es ya cotidiano ver en las redes y en espacios físicos, a jóvenes vendiendo, por simples recargas telefónicas, su cuerpo, e incluso favores sexuales de los más denigrantes que se puedan concebir y por ende, su dignidad y su moral. Todo este fenómeno se ha convertido en una aberración que llora ante los ojos de Dios y lacera el alma de cualquier persona que posea un mínimo de nobleza en su alma. Observamos con profundo dolor humano y con enorme indignación como ciudadanos, la ignominia bajo la que subsisten nuestros hermanos, la raíz que origina y fomenta esta depauperación social y en consecuencia abogamos por favorecer cambios sociales y económicos que nos ayuden a superar esta dolorosa realidad.

Hoy más que nunca, la necesidad expresada en dicha Carta Pastoral, de avanzar hacia un Estado de Derecho, se hace apremiante, debido a que la justicia sigue inclinando vergonzosamente su balanza en pos de las conveniencias de un Partido, dado que las instituciones jurídicas responden a los intereses del sistema gubernamental y no a las necesidades del Pueblo, sobre todo en los ámbitos de la oposición y la disidencia. El represivo control del Departamento de la Seguridad del Estado (DSE) se enfoca estrictamente en evitar que cualquier voz se levante en busca de cambios necesarios, soluciones, o respuestas. Tampoco existen los espacios ni medios para levantar esa voz, constituyendo un crimen las reuniones pacíficas, encuentros o tertulias.

Coincidimos con que este “excesivo control [..] que llega a veces, incluso, hasta la vida estrictamente privada de las personas”, es el que genera el miedo enfermizo de la sociedad cubana. Un control cada vez más férreo, que provoca cada día detenciones arbitrarias, secuestros, y un número cada vez más elevado de prisioneros de conciencia y pensamiento, en nuestro país.

 El sistema de gobierno mantiene su tendencia a discriminar y criminalizar cualquier acto de libre pensamiento, que no concuerde con la postura oficial del sistema y apoyamos y favorecemos la sugerencia de la Iglesia, en la idea de eliminar estas acciones, para favorecer la participación de todos los cubanos en la construcción de una "nueva Cuba", porque es inaceptable esgrimir el miedo como arma gubernamental contra la ciudadanía de una nación, para hacer prevalecer un sistema en decadencia absoluta.

El miedo paraliza a modo de grilletes invisibles, a quienes siempre hemos sido, valientes por herencia patriótica, y aguerridos por genética histórica, lo que evidencia aún más la dictadura de un régimen, que esgrime esta arma para someter a un Pueblo necesitado de libertad.

No puede esta Isla continuar generando ciudadanos que "esconden por miedo su opinión y que como un crimen la ocultan en el fondo de su pecho, y con su ocultación favorece a los tiranos", porque quien así se comporta "es tan cobarde como el que en lo recio del combate, vuelve grupas y abandona su lanza al enemigo".(José Martí).

Avalamos la declaración de la Carta Pastoral, concerniente a que "la Realidad humana es absolutamente incuestionable", y se tiene que RECONOCER "que en Cuba hay criterios distintos sobre la situación de nuestro País"; y esos criterios se fusionan cada día más en un número mayor de personas con la convicción de que se necesitan cambios sustanciales, con carácter prioritario, a fin de abrir las puertas a esa pluralidad de criterios, porque la máxima del mundo libre y la pura lógica dictan, que en la diversidad de pensamientos existen siempre riquezas, soluciones y esperanzas.

La criminalización del pensamiento diferente es una de nuestras mayores preocupaciones y la eliminación de los obstáculos para ejercer este legítimo derecho, "favorecería la participación de todos los cubanos, sin distinción, en la vida del país", creando condiciones apropiadas para la tan ansiada y necesitada reconciliación nacional y para aunar voluntades en pro de una Cuba mejor para todos.

Mencionaban ustedes la existencia de un “dialogo interno” que a “media voz” ya se manifestaba; hoy, veintisiete años después, el miedo sigue siendo el factor por el que esta ciudadanía recurre a esa misma herramienta de “dialogo interno a media voz”, y es imprescindible que esas voces sean escuchadas, resucitándolas de las catacumbas del silencio a las que han sido sometidas durante tantas décadas.

Aplaudimos la iniciativa de la carta pastoral, de buscar el consenso en el diálogo ciudadano como el camino de "reconciliación y de paz", confiados en  que el diálogo tendría actualmente el apoyo popular de la inmensa mayoría de los cubanos. Para efectuar ese diálogo se necesita crear una base de tolerancia, de respeto y legalidad, que el sistema no ha estado nunca dispuesto a ofrecer, y dicho diálogo necesitaría de la voluntad de todas las partes.

Estas y otras declaraciones de la Carta Pastoral citada y comentada en apartados anteriores, son referentes de una Iglesia comprometida con el sufrimiento del pueblo que representa, responsabilizada con el deber de llamar las cosas por su nombre y entregada al decoro y la justicia que deben de identificarla como defensora de los valores y los principios emanados del Cristianismo.

Ante la realidad de nuestra nación se hace necesaria la participación de la Iglesia con su carácter conciliador, y como garante en el conflicto de las posibles soluciones.

Aclaramos que nuestra intención no es crear un enfrentamiento de la Iglesia en Cuba y particularmente de esta Diócesis, con el sistema que impera. Somos conscientes, como bien planteaba La Carta Pastoral de 1993, que la Iglesia no juega un papel político, tampoco lo solicitamos; únicamente necesitamos una Iglesia comprometida con esa realidad, de la que ustedes como institución y toda su membresía son partícipes.

Por ello, en nombre de la justeza de nuestra causa, pero sobre todo en nombre de la sociedad civil cubana SOLICITAMOS:
 

1)       La ayuda y apoyo para hacer extensible esta misiva a todas las Diócesis de Cuba.

2)       El reconocimiento abierto por parte de la Iglesia Católica en nuestro País, de la existencia de una disidencia y una oposición contra el sistema, en materias de economía, política, y sociedad.

3)       La defensa abierta por parte de la Iglesia, de los derechos humanos que hoy son pisoteados a la sociedad Cubana y que frenan la libre expresión de pensamiento, de divulgación de ese pensamiento, y el respeto a la pluralidad ideológica dentro de nuestra sociedad, como senda a transitar para lograr esa Nueva Cuba.

4)       La facilitación de espacios públicos pertenecientes a la Iglesia Católica, donde esa pluralidad se abra paso, ya sea en forma de disertaciones, tertulias, talleres literarios, y encuentros culturales.

5)       El compromiso de la Iglesia a pronunciarse, favorecer y mediar en lo relativo a  ayudas humanitarias desde el exilio, a fin de paliar las vicisitudes de los más necesitados, ya sea en forma de medicamentos, alimentos, cobija, ropa, materiales de construcción, u otros, que el sistema es incapaz de garantizar.

6)       El reconocimiento de la Iglesia de la existencia de represión, manifestada de diferentes formas por el sistema, contra el pensamiento divergente, y el compromiso a reconocer la existencia de presos políticos y de conciencia, abogando y mediando por su puesta en libertad.

7)       La mediación, por parte de la Iglesia, ante el gobierno, para que acepte nuestra pluralidad, y la respete, creando canales y sendas legales para el cese de la persecución hacia el pensamiento libre, permitiendo la organización y unidad a nivel nacional de la oposición interna.

8)       Un encuentro con la representación de esta ciudadanía, y la entidad religiosa que usted representa, con vistas a expresar nuestro sentir, y buscar caminos de acuerdo, diálogo y espacios, que nos permitan la expresión de ese pensamiento diferente, y sugerir posibles sendas para encaminarnos a mejorar la situación que obstaculiza, limita o prohíbe el pleno ejercicio de ese derecho.

El deber cívico, ideológico, patriótico, y los pilares sobre los que se sustentan, nos obligan a señalar aquello que es injusto, y que no constituye un principio únicamente cristiano, sino humano, y que forma parte del Ideario Martiano, el cual nos motiva en esta misiva, y del que nos hacemos eco; "El que vive en la infamia o la codea en paz, es un INFAME. Abstenerse de ella no basta; se ha de pelear contra ella. Ver en calma un crimen es cometerlo.” Y nosotros, los que avalamos esta misiva no queremos ser señalados, ni definidos por la historia como tales; nos negamos a "conformarnos a que nuestros nacientes pequeñuelos besen, en las horas de dolor, nuestras frentes pálidas, viviendo en una tierra donde hasta el rubor ha de ocultarse al ojo vigilante del tirano".(José Martí). Es una afrenta a la dignidad humana, que no estamos dispuestos a seguir soportando impasibles.

Nos definimos como "revolucionarios" en la definición que nos regaló nuestro Apóstol: "La Justicia, la igualdad del mérito, el trato respetuoso del hombre, aunque piense diferente, la igualdad plena del derecho; eso es REVOLUCIÓN", y ateniéndonos a esa máxima coincidimos que en Cuba no existe una “revolución”, ni puede continuar definiéndose como tal.

Confiamos en que la Verdad triunfe sobre la mentira, convencidos de que "La verdad tiene un lenguaje sencillo, que seduce a la más indiferente voluntad; los oídos se resisten a ella en vano", porque "ella tiene una fuerza secreta que convence, subyuga y conquista.(José Martí). Y la defensa de esa verdad es algo sagrado, que la ciudadanía  digna está dispuesta a ejercer y nos unimos en el pesar martiano por cada cubano al que se le pisotea sus derechos: "Me parece que me matan un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho de pensar."

Nuestras convicciones están respaldadas por el profundo pensamiento de nuestro Apóstol, conscientes de que nuestro "Bando es el de los que aman y fundan, y no en el de los que odian y deshacen", y por ello estamos comprometidos en el ideario y la esperanza nunca muerta de que "la primera Ley de nuestra República sea el culto de los Cubanos a la PLENA DIGNIDAD DEL HOMBRE", y de que en nuestra “Patria nueva", ...no se niegue asiento a ninguna virtud", y esté cimentada en la "comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, consolación de amores y esperanza". Nos  motiva "el placer de serle útil" porque "La Patria es dicha de todos, dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellanía de nadie".

Somos conscientes de la labor de la Iglesia para con los más necesitados, vulnerables y desprotegidos, pero, se hace necesario abrir ese abanico de humanidad, misericordia y caridad, para aquellos que por sus pensamientos no afines al sistema son reprimidos, arbitrariamente detenidos, encarcelados, condenados, humillados, ultrajados, calumniados, porque ellos también son parte de la sociedad civil desprotegida por este régimen, que les ha inhabilitado, anulando sus derechos más elementales, por el "crimen" de pensar diferente, de ser conscientes de nuestra realidad, y abogar por los cambios necesarios para abrirnos paso hacia una nueva Cuba; un Estado de Derecho, una economía abierta, una industria desarrollada, y unas garantías legales que nos permitan la diversidad de opinión.

Cuba necesita ya sanar su alma quebrantada y repararla en un clima de verdadera libertad y concordia, necesita reconstruir su espiritualidad dañada para que podamos ver al fin nacer los verdaderos frutos del espíritu humano y poder así avanzar hacia el futuro.

Todos estos parámetros necesitan de democracia para ser logrados, por ende, ABOGAMOS POR LA DEMOCRACIA.

Agradeciendo encarecidamente y de antemano, no solo la atención, sino la voluntad de aunar fuerzas en virtud de la fe, el decoro, la dignidad, los valores y los principios que nos inspiran a todos.

FIRMANTES:

- Yasunaris Rodríguez Vázquez (Profesora)

- Pedro Junco López (Escritor)

- Jorge Ángel Pérez Sánchez (Escritor)

- Jorge Luís Rodríguez Reyes (Escritor)

- Amarilis Veliz Diepa (Artista Plástico)

- Rafael Velchis Proenza (Escritor)

- Eduardo René Casanova Ealo (Escritor y director de la Editorial “Primigenios”)

- Wilson García Zaldivar (Gremio de Artesanos)

- Idael García Zaldivar (Gremio de Artesanos)

- José Raúl Rodríguez Rangel (Medico y Escritor)

- Lien Estrada (Escritora)

- Alexander Rodríguez Cárdenas (Escritor)

- Alberto Garrido Rodríguez (Escritor)

- Héctor Luís Valdés Cocho (Periodista)

- Roberto Jesús Quiñones Haces (Periodista de Cubanet)

- Camila Acosta Rodríguez (Periodista de Cubanet)

- Esteban Rodríguez López (Periodista de ADN de Cuba)

- Iliana Hernández Cardoso (Reportera de CiberCuba)

- Ramón Zamora Rodríguez (Directivo del Partido Republicano de Cuba (PRC), en Holguín y Directivo de la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC))

- Rigoberto Rodríguez Feria (Presidente del Partido Oriental Cubano (POC))

Teléfonos de contacto;

(53) 56557758

(53) 58713458

(34) 622111636

PD; Esta misiva buscará aval y apoyo ciudadano en la Sociedad Civil de Cuba, fuera y dentro del País, a partir de la fecha de entrega de la misma.

 

 
 
 

 

 

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