En defensa del neoliberalismo

Mexico: La fe de los buenos y los malos
Diosmel Rodriguez Vegar
 
rdiosmel@gmail.com

No caben dudas, que los mexicanos son religiosos por naturaleza. La asimilación de la fe cristina es superior a muchos países, de igual procedencia colonial española. Las razones pueden ser muchas, pero ese no es el tema. Lo importante es cómo se manifiesta y se aplica por cada uno de los ciudadanos.

Cuando se ven las inmensas peregrinaciones y los gestos solidarios de los conciudadanos, apoyándolos, dándoles alimentos, del que muchas veces escasean, agua y hasta cobijas, uno llega a la conclusión que hay todo un pueblo noble de sentimientos humanos, detrás de toda esa barbarie que se ha convertido en una ola de crímenes y violencia.

Una compatriota aquí en Ixtapaluca, me comentaba al ver esas marchas gigantezcas de peregrinos y la colaboración de la gente, que hay más mexicanos buenos que malos. Sin embargo tienen algo en común: la fe religiosa. Algo que resulta contradictorio, pero en la práctica, los más connotados delincuentes, piden a la Virgen de Guadalupe y otras deidades religiosas que los protejan e impidan ser capturados por la justicia o ante sus adversarios delincuenciales.

Uno de los altos líderes del cartel de los ZETAS lleva la Virgen de Guadalupe tatuada en la espalda desde el cuello hasta más abajo de la cintura. Y dice tener fe en ella, que sabe que no permitirá que le suceda nada malo. Tal es la fe en las bandidos, que han creado su propio santo: Malverde. Malverde es conocido como "El Bandido Generoso" o "El Ángel de los Pobres"; También como "El Santo de los Narcos".  O sea, una especie de Robín Hood. Y a todo esto se la suma la idolatría por la Santa Muerte.

Sin embargo, aunque hay más mexicanos buenos que malos, los malos tienen mayor impacto en la sociedad que los buenos. Los buenos, en este análisis de fe, se han dedicado a refugiarse en sus creencias y ante la incapacidad de las autoridades de resolver sus problemas, recurren a cuanto ser
es de luz se les presenten para tratar de encontrar la respuesta que las autoridades no les dan. Las casas de todos aquellos que practican “la obra”, videntes, tarotistas, cartománticos y demás están llenas de personas buscando sus desaparecidos, que aunque no se reportan, ascienden a miles de personas de todas las edades.

Si los mexicanos buenos se dedicaran a hacer una guerra de control social y denuncia contra los malos, tendrían una gran posibilidad de vencerlos, ya que por la fuerza son superiores, pero estructuralmente son minorías.

El situación en México se complica como consecuencia de un problema cultural. Hay un concepto muy generalizado de que “la vida no vale nada” y eso crea un sentido de muy poco valor a la vida, ya que no se teme por la  propia, ni mucho menos por la ajena.

Este fenómeno cultural se ha venido explotando, incluso comercialmente por años. Las canciones, desde Juan Carrasqueado, la historia de Pancho Villa y los actuales narcocorridos son pruebas manifiestas de la sublimación del delito. Y ahora para reforzar, las telenovelas, aunque dicen que son un reflejo de la realidad, potencian el conflicto social y los hacen ver como algo natural, que hay que lidiar y vivir con él.

Las transculturización de México hacia los Estados Unidos tiene que disparar las alarmas, porque no solo viene el folclor de los trajes rancheros, los mariachis, los tacos y las tortillas. También viene con ellos esa cultura de muerte y esa fe ambivalente, a la que no escapan los mexicanos buenos ni malos.

México: 10 de diciembre del 2011